CHA solicita la retirada de la Medalla de Zaragoza y los títulos de Alcalde Honorífico y perpetuo a Serrano Súñer

El Ayuntamiento de Zaragoza le concedió esta medalla en octubre de 1938 y los títulos de alcalde perpetuo y honorífico en febrero de 1941. Estas condecoraciones las recibió en 1942, en el Hotel Ritz de Madrid, tal y como recogen los medios en aquella época, como el HERALDO. Ramón Serrano Súñer (Cartagena,12/09/1901-Madrid, 1/09/2003) fue uno de los principales ideólogos y arquitectos del régimen fascista que se impuso en el Estado Español tras el golpe de Estado de 18 de julio de 1936. CHA quiere que se anulen estas concesiones para que Zaragoza no siga teniendo en su nómina de condecoraciones a fascistas confesos.

Vinculación con Zaragoza

El sistema electoral en la II República permitía a los candidatos presentarse en varias circunscripciones electorales en listas abiertas y distritos uninominales. Serrano Súñer salió elegido por Zaragoza en las elecciones de 29 de noviembre de 1933, curiosamente por la renuncia del primero de la lista, D. Niceto Alcalá-Zamora, Presidente de la República, que renunció a su acta al haber sido elegido también por la de Jaén. Serrano Súñer (cartagenero de origen catalán) fue elegido diputado al ser el siguiente más votado, en representación de la lista de la “Unión de Derechas de Zaragoza”, integrada en la CEDA.

Desde la victoria del Frente Popular, de las elecciones de 16 de febrero de 1936, Serrano Súñer se convirtió en constante conspirador contra la democracia. Tan solo unos días después de esta victoria electoral, en marzo de ese año, organizó una reunión en la que participaron Franco y Primo de Rivera para organizar un golpe de estado, que no tuvo éxito.

Tras el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, estallada la guerra, tuvo un papel fundamental. Representaba el ala filonazi dentro del conglomerado de fuerzas fascistas, tradicionalistas, monárquicas, carlistas, nacionalcatólicas y filonazis que se levantaron contra el gobierno democrático y legítimo de la II República Española.

En abril de 1937 (muerto José Antonio Primo de Rivera el 20-XI-36) fusionó la Falange y la Comunión Tradicionalista Carlista, creando la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, partido único del régimen, creado a imagen y semejanza del Partido Nacional-Socialista Alemán, con la intención de “devolver a España el sentido profundo de una indestructible unidad de destino y la fe resuelta en su misión católica e imperial”. La finalidad era cohesionar las distintas fuerzas rebeldes en un mando único de inspiración nazi. De hecho, el sector de la Falange que se opuso a la unión con los tradicionalistas y carlistas fue duramente reprimido.

Desde entonces se dedicó a crear una estructura “paraestatal” en la España bajo dominio fascista (ley de Administración Central del Estado, creación de la Junta Técnica del Estado, Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo, Ley de la Seguridad del Estado; posteriormente el Fuero del Trabajo, Ley de Prensa e Imprenta) hasta llegar a convencer a Franco de la necesidad de crear un gobierno, organizado en ministerios y que incluyera falangistas, monárquicos, un carlista, militares y técnicos.

 

CONCESIÓN DE LA MEDALLA DE ORO DE LA CIUDAD Y EL RECONOCIMIENTO COMO ALCALDE PERPÉTUO Y HONORÍFICO DE ZARAGOZA

Así, el 30 de enero de 1938, se constituyó el primer gobierno fascista siendo nombrado Serrano Súñer ministro del Interior (desde 24 de diciembre de 1938 este Ministerio pasó a llamarse de la Gobernación, integrando Interior y Orden Público).

El 14 de octubre de 1938, siendo alcalde Juan José Rivas Bosch, el Ayuntamiento de la ciudad le otorgó estas tres distinciones que no recogió hasta junio de 1942, en el Hotel Ritz de Madrid. Serrano Súñer fue ministro del interior hasta el 16 de octubre de 1940. Desde este ministerio sentó las bases del eficaz aparato represivo que estuvo vigente hasta 1975. Tenía competencias en represión interna y en control de los medios de comunicación y la propaganda. No olvidemos que se creó el más potente aparato represivo conocido en la Europa contemporánea en tiempos de paz.

Es este el momento de máxima represión, de vulneración sistemática de los derechos humanos y de los convenios internacionales. Es el esplendor de las fosas comunes, campos de concentración (que los hubo en España por ejemplo en la Academia General Militar o en San Juan de Mozarrifar, sin ir más lejos) y centros de detención. El momento de la impunidad en cuarteles de la Guardia Civil, comisarías y centros de detención donde las ejecuciones, la tortura, los malos tratos, los tratos inhumanos y degradantes y las violaciones eran la práctica habitual.

Estallada la II Guerra Mundial, pasó a ser -el 17 de octubre de 1940- Ministro de Asuntos Exteriores. Ya en septiembre de ese año ocupaba la responsabilidad de enviado especial de Franco ante Hitler, encabezando las relaciones con los nazis junto a gente de su confianza como Miguel Primo de Rivera (hermano de José Antonio), Ridruejo –Jefe Nacional de Propaganda- o Tovar –director de Radio Nacional.

En 1940 recibió en Madrid con todos los honores y parafernalia fascista a Heinrich Himmler, creador de las SS y Jefe del sistema policial y represivo nazi para sellar una colaboración entre la Gestapo y la policia española.

La invasión alemana de Francia en 1940 supuso la captura de miles de republicanos españoles refugiados en Francia. Muchos de ellos acabaron en campos de concentración nazis, otros entregados a las autoridades franquistas, siendo condenados a muerte, con Himmler en Madrid. Ese era el acuerdo, los más relevantes eran asesinados en España; los anónimos eran exterminados en campos de exterminio.

Así fueron entregados Julián Zugazagoitia, exministro de la Gobernación de la República; Lluis Companys, President de la Generalitat de Catalunya o Joan Peiró, ex ministro de Industria republicano. El propio Serrano Súñer solicitó la entrega de casi mil refugiados españoles que habían ejercido distintos cargos en diferentes momentos en la República. Sus nombres figuran en una nota firmada por Serrano Súñer, que hoy se custodia en el Archivo Nacional de Francia. Por supuesto, no hicieron falta tratados de extradición. Para sortear las vías diplomáticas aprovechó su cargo en la Falange, sus relaciones con el partido nazi alemán y sus relaciones personales con Himmler para conseguir la detención y traslado de estos refugiados españoles.

Fue vital la participación de Serrano Súñer para que los republicanos refugiados en Francia detenidos pasaran de ser prisioneros de guerra del ejército alemán a prisioneros políticos de la Gestapo. Con toda la carga jurídica que eso tenía. Por eso hubo españoles en los campos de concentración nazis con un triángulo azul invertido cosido en sus uniformes lo que les identificaba como “rotspanienkämpfer” –luchadores rojos españoles- y les daba la calificación de prisioneros políticos a los que exterminar.

Por otro lado, intentó por todos los medios la participación del Estado Español en la II Guerra Mundial junto con la Alemania nazi y la Italia fascista. En este sentido promovió la entrevista en Hendaya de Franco que tuvo lugar el 24 de octubre de 1940 en la que Adolf Hitler no cedió a las pretensiones españolas de participar en la guerra a cambio de la cesión de Gibraltar y las colonias francesas del Magreb (en ese momento la Francia de Pétain era un pais colaboracionista del Eje y –además- a Hitler no le interesaba romper el “statu quo” en el mediterráneo, ya que Italia era su firme aliado). Recordemos la obsesión africanista de Franco y su abierta francofobia –muy común en el nacionalismo español. Además, la posible toma de Gibraltar no interesaba especialmente a Hitler, ya que no cerraba el Mediterráneo (estaba abierto en Suez)

No obstante, Serrano Súñer consiguió que el Estado Español creara la llamada “División Azul”, una modesta unidad militar integrada en la Wehrmacht en el frente soviético, pero muy simbólica para los filonazis del régimen. De hecho, sus miembros juraban fidelidad personal a Hitler.

Esta unidad participó en la “operación Barbarroja” –la Unternehmen Barbarossa-, llamada así en honor a Friedrich I, conocido como Barbarroja por el color de su barba, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico durante el siglo XII, el Primer Reich.

En la declaración del general Guenteher Krappe (agregado militar de la División Azul) y Hans Renner ante las Naciones Unidas en 1946, se destaca la participación de Serrano Súñer en todos estos hechos.

Con el declive de la Alemania nazi, la entrada de los EEUU en la guerra mundial y el desarrollo de la misma, el fracaso de las operaciones militares nazis en la Unión Soviética, la influencia y el poder de Serrano Súñer y los filonazis en el régimen fue decayendo, tomando cada vez más fuerza las corrientes nacionalcatólicas.

El 16 de agosto de 1942, en una ceremonia religiosa presidida por el General Varela, carlista y Ministro del Ejército, organizada por los carlistas delante de la basílica de Begoña en Bilbao, un grupo de falangistas provocó un incidente arrojándose dos bombas a la muchedumbre, produciéndose varios heridos. La autoría fue adjudicada a Juan José Domínguez Muñoz filonazi del Sindicato Español Universitario (SEU). El hecho se calificó como intento de asesinato a Varela y puso de manifiesto la separación entre carlistas y filonazis.

Domínguez fue fusilado el 2 de septiembre. En su agenda se encontraron nombres de diplomáticos alemanes. De forma inmediata Hitler lo condecoró con la Cruz del Águila alemana, lo que a algunos historiadores ha hecho pensar la posible implicación de Alemania en este turbio incidente.

Al día siguiente, Serrano Súñer fue destituido, volviendo a su trabajo como abogado (aunque volviera posteriormente a la política como procurador en Cortes, pero siempre en un segundo nivel).

Su nombre recobró notoriedad en 1997 tras hacerse público que era titular de unas «cuentas durmientes» en Suiza desde los años 40, dentro de los trabajos llevados a cabo por la Comisión Española de Investigación del Oro Nazi.

Posteriormente, en verano de 2003, unas semanas antes de su fallecimiento, se presentó una querella criminal, por delitos de genocidio, en un Tribunal de París, impulsada por un grupo de exdeportados en campos de concentración nazis y sus familiares.

Fue uno de los treinta y cinco altos cargos del franquismo imputado por la Audiencia Nacional en el sumario instruido por Baltasar Garzón en 2008, por los delitos de detención ilegal y crímenes contra la humanidad cometidos durante la Guerra civil española y en los primeros años del régimen, por su «actividad criminal planeada y sistemática de desaparición y eliminación de personas por razones ideológicas, lo que constituyó un crimen contra la humanidad como claramente se definió en el Estatuto y Tribunal de Nüremberg». Baltasar Garzón fue imputado por prevaricación por el Tribunal Supremo.

 

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